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Argentina 17/10/2021

Argentina (Córdoba): Semillería Villa Retiro, en constante crecimiento en la producción de semillas y hortalizas

Rubén Papalini es socio gerente de Semillería Villa Retiro, la empresa que fundó su padre Máximo y que se dedica a la producción de papa y hortalizas. Junto con su hermana Susana conservan el negocio original, que no ha dejado de crecer.

Una premisa fundamental de todo emprendedor es no enamorarse de la idea, el producto o el servicio que dio origen a la empresa. Por eso, cuando la familia Papalini vio que su mercado crecía, aún así decidió diversificarse.

Rubén Papalini y su hermana Susana mamaron desde chicos lo que era el lavadero de papas y hortalizas que fundó su padre Máximo en 1982.

Pero pese a que el mercado de ese tubérculo no deja de crecer, igualmente apostaron a nuevos desafíos, entre ellos, el forraje para caballos, cuya cría también se expande en Córdoba.

Presidente de la Cámara de Productores de Papa del Centro Norte de Córdoba entre 2014 y 2016, Rubén Papalini, socio gerente de Semillería Villa Retiro, reflexiona sobre presente y futuro de esta actividad.

–¿La empresa comienza con su padre Máximo?

–En realidad, mi padre comenzó con su hermano Pedro. Trabajaron juntos hasta 1982, cuando decidieron separarse. Ahí compró un terreno en Villa Retiro (cerca de donde está actualmente la empresa) para dedicarse a la producción de papas, al lavado de hortalizas y a ser intermediario. Era la principal actividad de esta zona.

–¿Dónde vendía?

–Tenía un puesto en el viejo Mercado de Abasto. Cuando se creó el nuevo, hizo su propio depósito acá, en Villa Retiro, empezó a vender de manera directa y dejó el Mercado.

–Ahora, el cinturón verde quedó desdibujado.

–Y sí, nosotros, por ejemplo, trasladamos la producción de papas a la zona de Monte del Rosario (departamento Río Primero). Lo que sucede es que la urbanización avanza, y el gran problema es que la producción de papas necesita de mucha agua, y el agua es un bien escaso.

–¿Cuánto producen?

–Tenemos 250 hectáreas, que producen un promedio de 20 a 30 toneladas por hectárea, lo que da un volumen de hasta 7.500 toneladas en el mejor de los casos. La papa se siembra en agosto y se cosecha a finales de noviembre, de lo cual una parte va a semilla y otra a consumo. Después se siembra en febrero y se cosecha entre junio y octubre; ese es el momento de mayor producción. También tenemos dos mil hectáreas entre Quimilí y Pampa de los Guanacos, en Santiago del Estero, donde hacemos soja, maíz y, cuando se puede, trigo.

–¿Cómo está Córdoba en la producción de papa?

–El país destina a la producción de papas 80 mil hectáreas. La mayor producción está en el sudeste de Buenos Aires, donde hay 40 mil hectáreas. Entre la zona del Gran Córdoba y Villa Dolores, sumamos 20 mil hectáreas. Lo que ha pasado es que ahora se están produciendo nuevas variedades de papas.

–Los argentinos comemos mucha papa. ¿Cuál es la variedad que consumimos?

–Entre 40 y 50 kilos per capita anuales y va creciendo. La que todos comemos es la Spunta. Pero ahora se están haciendo otras variedades como Sagitta, Innovator, Daifla y algunas papas de color, muchas de ellas destinadas a la industria.

–¿Cómo es eso?

–Hay varios compradores, entre ellos McCain en Buenos Aires y Simplot en Mendoza, que es la empresa que más compra en Córdoba. De nuestra producción, algo más del 50 por ciento se vende a la industria. Es un mercado que se expande cada vez más, porque empiezan a aparecer empresas más chicas. El destino es la producción de papas bastón y chip, principalmente. La demanda es cada vez más grande, por modas y nuevos hábitos de consumo.

–Supongo que estará de más preguntar cuál es más rica: ¿la papa frita hecha con la papa comprada en la verdulería o con la papa bastón?

–No, es más rica la papa frita que uno hace en la forma tradicional, por supuesto (risas).

–¿Hoy Argentina exporta papa?

–Entre 1994 y 2000 se exportaba mucho a Brasil. Pero actualmente es muy complicado. Brasil, Paraguay y Uruguay incrementaron su propia producción y la protegen mucho, aplicando trabas sanitarias y comerciales. De hecho, este año hubo algo de demanda en Chile, y Córdoba no tenía ninguna planta habilitada para exportar; no se puede tener una planta por las dudas tengas que vender al exterior. Hubo que hacer trámites de un día para el otro para exportar.

–¿El mercado interno sigue demandando?

–Sí, cada vez más. De hecho, esta semana voy a ver unas máquinas importadas de procesado y clasificación de papas para instalar en el campo. Esta actividad se está tecnificando cada vez más.

–Hay que bajar costos...

–Hoy el costo de la mano de obra no es el problema, de hecho es lo más barato del negocio. Sucede que la papa es cada vez más una actividad de volumen. Si no, los números se complican. El precio es bajo, hoy el productor cobra 350 pesos la bolsa de 20 kilos. Los precios externos son mejores, pero los gobiernos vecinos no dejan entrar.

–¿Cuándo decidieron empezar a diversificar la empresa?

–Todos estos cambios nos hicieron ver otras oportunidades. Hoy seguimos produciendo la misma cantidad de papa que antes, pero agregamos semillas y forrajes.

–¿Qué tipo de semillas?

–Hacemos semilla de papa para producción propia y para vender. También comercializamos semillas de hortalizas con marcas mayormente importadas y algunas nacionales. Y además forrajes (comida para animales).

–¿El forraje es de producción propia?

–Es producción propia. Hacemos, alfalfa, avena, maíz y trigo. Lo producimos en un campo de Colonia Tirolesa, todo para el mercado de Córdoba. También incorporamos una planta para hacer maíz partido y mezclas, para abrir nuevos mercados.

–¿Productores chicos?

–Claro, hay productores chicos del Gran Córdoba. Pero alrededor de Córdoba capital empezaron a crecer las caballerizas. También vendemos a la gente del Hipódromo. Es un mercado de particulares que está creciendo.

–¿Se ha instalado como un hobby?

–Viene creciendo muchísimo la cría de caballos entre los cordobeses en estos últimos 10 años. Hay muchísimas caballerizas en la zona del Gran Córdoba, sobre todo en Villa Allende y Río Ceballos, como también en las Sierras. Cada día vamos encontrando nuevas. Al principio, yo tampoco conocía. Hay mucha gente a la que le gusta tener su caballo.

–¿Cuándo es el momento de mayores ventas?

–En invierno. Principalmente entre julio y septiembre, porque es el período en que hay menos pasturas.

–Comenzaron con la papa, ahora las semillas y el forraje. ¿Cuál es el futuro próximo?

–Susana y yo, que somos la segunda generación, hicimos el recambio de la empresa. Ahora está ingresando la tercera generación, mis hijas María Soledad y María Pía, y mis sobrinos Martina y Santino. Ellos saben bien que no vienen acá sólo a cobrar un sueldo; tienen que hacer que esto siga creciendo, hay que generar nuevos negocios y abrir nuevos mercados.

Fuente: La Voz


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