Europa: La ola de calor genera preocupación a los productores de papa
El estrés térmico, la creciente demanda de agua y el retraso en el desarrollo de los tubérculos están causando preocupación en diversas regiones de Europa, y se han manifestado de forma más notable en España.
De acuerdo con los datos difundidos, los Países Bajos esperan una producción de 43,3 toneladas por hectárea, lo que representa un descenso del 6 % en comparación con el año anterior. Alemania registra una previsión de 45,3 toneladas por hectárea, una caída del 1 %, mientras que en Bélgica se proyectan 42,8 toneladas por hectárea, un 5 % menos. En Polonia, la producción estimada baja a 30,5 toneladas por hectárea, marcando una contracción del 7 %. Francia, por su parte, se desmarca de esta tendencia con proyecciones que apuntan a 42,5 toneladas por hectárea, un incremento del 1 % respecto al año pasado.
Cabe destacar que estas cifras son simples estimaciones preliminares y no resultados definitivos. La cosecha efectiva dependerá en gran medida de factores como la lluvia, la disponibilidad de sistemas de riego, las fluctuaciones térmicas y la incidencia de enfermedades agrícolas en las próximas semanas.
El impacto del calor en el cultivo de la patata
El instituto agrícola francés ARVALIS publicó el pasado 4 de junio un análisis que explica por qué las altas temperaturas tienen un efecto especialmente negativo en las patatas. Según sus estudios, el crecimiento óptimo de este cultivo se produce a una temperatura media diaria de alrededor de 18 °C. Superado este umbral, el desarrollo comienza a ralentizarse, llegando incluso a detenerse entre los 28 °C y los 30 °C.
Un aspecto relevante señalado por ARVALIS es la diferencia entre el desarrollo aéreo de la planta y el crecimiento subterráneo de los tubérculos. Las altas temperaturas pueden fomentar el desarrollo del follaje mientras perjudican la formación adecuada de los tubérculos, para los cuales se requieren condiciones más frescas. Durante la fase crítica de engrosamiento de los tubérculos, las temperaturas elevadas pueden alargar los estolones sin permitir su correcto desarrollo, generando rebrotes o deformaciones en la cosecha. No obstante, el instituto subrayó que mantener una humedad suficiente en los surcos y favorecer una cobertura vegetal densa puede mitigar parte del daño causado por el calor extremo.
Es importante recalcar que el calor en sí mismo no basta para ocasionar pérdidas totales en la cosecha. El verdadero peligro surge cuando se combina con factores como insuficiencia hídrica, escasez de cobertura vegetal, exposición directa de los surcos o noches cálidas prolongadas que dificultan la recuperación fisiológica de las plantas.
La crisis del río Po y su advertencia sobre el riego
La situación actual del río Po en Italia brinda un ejemplo alarmante sobre los riesgos derivados de la escasez hídrica. Aunque no se enfoca directamente en la producción de patatas, evidencia los desafíos a los que se enfrentan los agricultores ante fenómenos climáticos adversos.
Según reportó Reuters el 27 de junio, el caudal del río Po experimentó una drástica disminución tras una intensa ola de calor, lo que causó una intrusión de agua salada hasta 18 kilómetros río arriba. Para evitar daños catastróficos en los cultivos agrícolas locales —principalmente de arroz y maíz— se decidió cerrar varios canales de riego, lo que complicó aún más el panorama para los agricultores de la región.
Para los productores europeos de patatas, este ejemplo subraya las crecientes complicaciones: en las zonas con posibilidades de riego, las olas de calor incrementan significativamente la demanda hídrica; mientras que donde escasea el acceso al agua, aumenta considerablemente el riesgo para los cultivos.La ola de calor que afecta a Europa a finales de junio ha generado nuevas inquietudes en torno a la temporada de cultivo de la patata prevista para 2026. España ya alerta sobre el estrés térmico que padecen sus cultivos, mientras que los observadores de la Unión Europea advierten que las altas temperaturas y una preocupante escasez de precipitaciones podrían exacerbar el déficit hídrico en diversas regiones de Europa occidental y central.
Este fenómeno meteorológico ha batido récords de temperatura en varios países, registrándose cifras superiores a los 40 °C en algunos territorios. Según un reporte del 27 de junio emitido por Reuters, se establecieron nuevos récords históricos preliminares en Alemania, Dinamarca y la República Checa, mientras que Suiza alcanzó un pico inédito para un mes de junio. Países como Italia, Francia, los Países Bajos y Polonia también han emitido alertas ante el calor extremo.
Para los productores de patatas, el desafío no se limita únicamente a las altas temperaturas durante el día, sino también al momento en que estas ocurren. En muchas de las principales regiones agrícolas, las fases críticas del cultivo —como el desarrollo del follaje, la formación de tubérculos y su posterior engrosamiento— se encuentran vulnerables. La combinación de calor intenso, mayor demanda hídrica y reducida humedad del suelo puede desencadenar graves amenazas para la producción y calidad de los cultivos.
España destaca como el ejemplo más significativo de los efectos negativos del clima sobre la patata.
En Castilla y León, principal área productora del país, ya se han reportado episodios de estrés térmico debido a temperaturas que alcanzaron los 34 °C durante días consecutivos. Según Eduardo Arroyo, presidente de la Asociación de Productores de Papa de Castilla y León, estas condiciones extremas han ralentizado el crecimiento del cultivo y afectado la formación normal de los tubérculos.
Adicionalmente, los productores han tenido que intensificar las labores de riego, priorizando las patatas sobre otros cultivos. Las plantas han mostrado dificultades para cerrar correctamente las hileras e incluso un retraso en el crecimiento de los tubérculos. Estas complicaciones podrían traducirse en una disminución del rendimiento entre el 10 y el 15 %, quedando por debajo de los habituales rendimientos óptimos de 45 a 46 toneladas por hectárea.
Otro aspecto crítico señalado es la reducción en la superficie cultivada. Según estimaciones para 2026, Castilla y León podría registrar una disminución del área destinada al cultivo del 10 al 15 % en comparación con el año anterior. En Andalucía, las tormentas han provocado retrasos en la siembra, reduciendo la superficie cultivada en un 5 %, lo que equivale aproximadamente a unas 10 000 hectáreas menos.
En términos generales, España enfrenta un complicado panorama: menor disponibilidad de tierras para sembrar, un aumento en la necesidad de agua para riego y serias incertidumbres sobre el impacto climático en la fecha y calidad de las cosechas.
El impacto del estrés hídrico en toda Europa es una preocupación latente según el último boletín del Centro Común de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea. En su actualización publicada el 22 de junio relativa al programa MARS de monitoreo agrícola, indicaron que si bien las condiciones generales para la mayoría de los cultivos veraniegos siguen siendo favorables, la ola de calor combinada con una primavera seca ya ha provocado bajadas significativas en las expectativas de rendimiento de los cultivos de invierno en partes clave de Europa.
En relación con los cultivos estivales como la patata, el informe advierte sobre áreas donde las reservas hídricas del suelo están severamente mermadas mientras aumenta la necesidad hídrica por parte de los cultivos. Las previsiones meteorológicas hasta finales de junio indican temperaturas extremas junto con precipitaciones insuficientes en buena parte de Europa occidental y central, lo que amplificará los problemas de estrés hídrico y afectará negativamente el potencial rendimiento agrícola.
Entre las regiones identificadas como especialmente vulnerables se incluyen centro-oeste de Francia, sur de la República Checa, oeste de Eslovaquia, Hungría, oeste de Rumania, algunas áreas centrales y occidentales de Ucrania, suroeste alemán y este francés. Aunque el JRC no destinó su enfoque exclusivamente a las patatas, estas zonas representan un considerable riesgo para su producción si coinciden con fases cruciales del desarrollo bajo condiciones adversas derivadas del calor y la escasez hídrica.
Noticia en desarrollo: aún no se ha llevado a cabo una evaluación completa de los daños.
Por el momento, no hay evidencia suficiente para respaldar de manera concluyente que la cosecha de papa en Europa haya sufrido daños extendidos y confirmados. La realidad actual sugiere que el sector europeo de la papa enfrenta una creciente presión debido al calor y al estrés hídrico, con España mostrando los primeros signos claros de riesgo para la producción.
Las próximas dos o tres semanas serán determinantes. Las inspecciones de campo en países como España, Francia, Bélgica, los Países Bajos, Alemania y Polonia serán esenciales para establecer si la ola de calor actual se traduce en un episodio temporal de estrés o en un problema más profundo que afecte tanto la cantidad como la calidad de la cosecha europea de patatas para 2026.
Hasta ahora, los principales factores que deben ser monitoreados son evidentes: el desarrollo de los tubérculos, la disponibilidad de riego, la humedad del suelo, el estado de la cobertura vegetal, las temperaturas nocturnas elevadas y los posibles defectos de calidad. En una temporada ya marcada por condiciones erráticas de siembra y eventos climáticos extremos localizados, esta reciente ola de calor en Europa vuelve a resaltar que la patata sigue siendo uno de los cultivos más vulnerables a la creciente volatilidad del verano.
Fuente: Potato News Today




