Argentina (Mendoza): Investigación en estrategias de manejo contra el tizón tardío de la papa
Los ensayos recientes llevados a cabo en Mendoza por el INTA están aportando información valiosa que puede guiar a los productores en su proceso de toma de decisiones.
El tizón tardío de la papa, causado por Phytophthora infestans, sigue siendo una enfermedad desafiante para los cultivos a nivel mundial, incluso en áreas irrigadas como el oeste argentino. Su comportamiento epidémico, fuertemente influenciado por las condiciones ambientales, afecta las estrategias de manejo y guía las decisiones para mantener la sanidad más allá de los calendarios preestablecidos. Se trata de una enfermedad policíclica, lo que significa que puede reproducirse varias veces en un único ciclo de cultivo.
Los síntomas típicos empiezan con el amarillamiento (clorosis) de las hojas, usualmente desde los bordes hacia el centro. La mancha avanza hacia adentro, dejando áreas marrones rodeadas de un halo amarillo. En epidemias severas, las plantas pueden parecer "quemadas", lo que resulta en el nombre coloquial "tizón".
Estudios de campo realizados durante la campaña 2025-2026 en el Valle de Uco (Mendoza) brindan información valiosa sobre cómo progresa la enfermedad bajo las condiciones locales, cuándo el ambiente se vuelve propicio y qué estrategias pueden desacelerar su avance.
El papel del ambiente es crucial; el desarrollo del tizón tardío no solo depende del patógeno, sino también de que plantaciones susceptibles y condiciones ambientales predisponentes coincidan. Temperaturas entre 10 y 20 °C y una humedad relativa alta (superior al 90%) durante horas consecutivas aceleran las epidemias.
En la temporada 2025/26, se monitorearon continuamente la temperatura y la humedad relativa para identificar períodos predisponentes para Phytophthora infestans. Los datos se midieron a nivel del dosel de la planta para minimizar sesgos, en una zona principal de producción (La Carrera, Tupungato).
Se observaron muchas horas con temperaturas entre 10 y 20 °C y humedad relativa superior al 90%, especialmente durante febrero y marzo, concentrándose principalmente en horas nocturnas y madrugadas cuando el follaje permanece húmedo.
Estas condiciones prolongadas aumentan los riesgos, incluso sin lluvias intensas. El riego por surco y eventos de alta humedad crean microclimas propicios para la infección. La acumulación de horas conductivas es clave para el avance del tizón. No todos los días son críticos, pero la combinación de humedades relativas y temperaturas óptimas incrementa el riesgo de enfermedad. A medida que la temporada avanza (febrero-marzo), el riesgo de tizón aumenta, lo que apoya la recomendación de siembras tempranas para evitar situaciones predisponentes.
Se observó que la incidencia, o número de plantas afectadas, no mostró diferencias significativas entre los tratamientos probados, incluido el control sin fungicidas. Sin embargo, al analizar la severidad acumulada a lo largo del tiempo y la velocidad de progreso de la enfermedad, surgieron diferencias claras entre las estrategias empleadas (con/sin fungicidas).
Las estrategias fitosanitarias con fungicidas lograron reducir significativamente la severidad total y especialmente la tasa de progreso de la enfermedad, con una disminución cercana al 30% en la velocidad epidémica respecto al control. Esto es clave para enfermedades policíclicas como el tizón tardío, ya que reducir la tasa de progreso ayuda a controlar la epidemia mediante menor producción de inóculo y ciclos secundarios, flexibilizando los intervalos de aplicación y disminuyendo la presión hacia el final del ciclo.
Desde un punto de vista productivo, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre tratamientos. La incidencia en tubérculos fue prácticamente nula debido al buen manejo general del lote y las condiciones de cosecha.
Este texto subraya una noción familiar pero a menudo descuidada: las estrategias sanitarias tienden a influir más en la estabilidad del sistema y la gestión del riesgo que en el rendimiento puro en términos de peso, donde su influencia es más sutil.
Recomendaciones
Para manejar el tizón tardío, es esencial considerar el entorno además del cultivo. Vigilar la humedad relativa y la temperatura es fundamental para predecir momentos críticos, incluso antes de que los síntomas sean evidentes. Si es posible, usar sensores de humedad en las hojas y realizar monitoreos frecuentes del cultivo también resulta beneficioso.
Además, es importante idear tácticas que disminuyan la tasa de avance de la enfermedad. Estrategias que ralentizan el progreso de la enfermedad son especialmente valiosas en ciclos prolongados o durante campañas que favorecen la enfermedad.
Otra recomendación es adaptar las decisiones según el contexto. En situaciones con alta acumulación de factores predisponentes, elegir herramientas con eficacia probada sobre la severidad puede ser decisivo (desde cultivares resistentes hasta fungicidas químicos).
Abordaje
La protección vegetal exige un enfoque dinámico y constante interacción entre el ambiente, el patógeno y el manejo del cultivo. Incorporar monitoreos sanitarios, recopilar datos ambientales y analizar el progreso epidémico permite evolucionar de un manejo reactivo a uno más estratégico y eficiente.
Para más información, puede contactarse con el Laboratorio de Fitopatología de la EEA La Consulta INTA.
*Por Pablo Caligiore Gei y Federico Fuligna, investigadores de la EEA La Consulta - INTA Mendoza
Fuente: losandes.com.ar




