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Latam 22/09/2020

Nicaragua: “Lo mejor está por venir”, dice don Faustino, un veterano productor de papa y zanahoria

Gracias a décadas de esfuerzo y dedicación, don Faustino Ventura, crió a sus tres hijos, les enseñó a trabajar y los convirtió en profesionales exitosos.

Está casado con María Arita, con quien comparte su vida, sus éxitos y fracasos desde hace 38 años.

Procrearon tres hijos: Geovanny, de 35 años; Kevin, de 25 años y un tercero, de quien omitió el nombre y edad, porque falleció en un accidente de tránsito, mientras transportaba producto de Ocotepeque a San Pedro Sula.

Sus ojos aún se humedecen cuando recuerda este triste episodio que marcó su vida para siempre.

A pesar de las dificultades, don Faustino ha seguido trabajando de sol a sol con sus hijos para ver crecer sus cultivos de papa y zanahoria que con afán siembra en las pródigas tierras de La Labor, un pequeño municipio del departamento de Ocotepeque con apenas 10,000 habitantes que residen en ocho aldeas y 44 caseríos.

Por su altura de 944 metros sobre el nivel del mar y la cercanía a un generoso río Chiquito, la comunidad tiene las condiciones propicias para la producción agrícola.

Los “laboreños”, como les conocen en esta zona occidental del país, son conocidos por ser gente trabajadora y honesta, hospitalaria y servicial. “Aquí todos le hacemos honor al nombre de esta tierra que nos vio nacer”, dice entre sonrisas.

MERCADO SEGURO

Buscar un mercado seguro para sus productos siempre fue el sueño de don Faustino y en ese proyecto lo han acompañado desde muy pequeños sus hijos.

Al principio no fue fácil, recuerda don Faustino, ya que las ventas eran inciertas y los precios no siempre fueron justos cuando le entregaban el producto a los intermediarios y al mercado informal.

Recordó que a inicios del 2008 hicieron los primeros acercamientos con las cadenas de supermercados con la esperanza de encontrar tres cosas: asistencia técnica para incrementar la productividad, un mercado seguro para sus productos y precios justos que garantizaran la rentabilidad del negocio.

Faustino Ventura no paró sus labores de producción en la pandemia.

Ya han pasado 12 años desde que se forjaron la meta de formalizar su modelo de negocios y no duda ni un segundo al afirmar que esta fue la mejor decisión que han tomado en sus vidas.

“Esto era duro, antes del 2008 nosotros luchábamos por vender a buen precio la papa y la zanahoria pero no siempre era así, casi siempre perdíamos y no lográbamos ni recuperar la inversión” recuerda.

“Estamos satisfechos con la ayuda que Walmart nos ha brindado, tenemos un mercado seguro y un precio estable, ya no tenemos que rogar a intermediaros para que nos agarren el producto y esto que casi se los regalábamos”, recuerda con nostalgia.

En la actualidad, don Faustino y sus hijos entregan en la planta de Hortifruti de San Pedro Sula, un aproximado de 15,000 libras de papa y 10,000 libras de zanahoria a la semana.

Al consultarle cómo ha hecho durante la pandemia para mantener los cultivos y vender el producto, muestra las dos papas que lleva en mano para agregar a la sopa de gallina india y afirma: “Si no fuera por Walmart, toda nuestra cosecha se hubiese perdido durante la pandemia por el COVID-19”.

El fogón está al rojo vivo y los ingredientes entran uno a uno a la olla. Casi es hora del almuerzo.

Don Faustino se siente orgulloso de todo lo que tiene gracias a una vida entera de sacrificios. “Lo importante es tener salud, estar alentado” dice, al tiempo que reconoce como una bendición en su vida tener una modesta casa construida de material, enclavada entre las verdes, espesas y nubladas montañas de La Labor.

Ahí, donde el frío cala hasta lo más profundo, recuerda: “En 2008 comenzó nuestra bendición, la más grande de nuestras vidas, podemos ver el favor de Dios en nosotros, en la familia y aquí en el entorno, somos una familia Walmart, y todo lo que tenemos es gracias a que nos han agarrado nuestros productos”.

Gracias a la asistencia técnica, en alianza con la organización Visión Mundial, le fue instalada una casa malla para producción de semilla, dando de esta manera un salto significativo hacia la agricultura protegida.

En la actualidad genera 12 empleos, de los cuales, 8 son permanentes. “Tenemos 10 manzanas de terreno con siembra de papa y 5 manzanas de zanahoria, lo hacemos de forma escalonada, con meses en suplencia y metimos la zanahoria para rotar suelo”.

Don Faustino agarra el viejo sombrero de junco de ala ancha, lo acomoda en su cabeza y afirma: “Lo mejor está por venir, ya no alquilamos tierras porque poco a poco las hemos ido comprando, tenemos nuestro transporte para llevar el producto a San Pedro Sula y vamos a seguir trabajando con mucho sacrificio y dedicación, como siempre lo hemos hecho porque somos personas honradas y trabajadoras”.

Fuente: latribuna.hn


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